Historia de las Orquestas

Desde que el hombre existe sobre la Tierra, el medio que tuvo a su alcance para expresar sus estados de ánimo ha sido la MÚSICA. De ella se ha servido para manifestar su alegría, sus triunfos sobre los retos que la naturaleza le imponía, sus contratiempos, sus derrotas, y también para establecer comunicación con los seres de su misma especie y con aquellos que, aunque no conocía, los presentía: sus dioses.

Podría decirse que la música fue inventada por el hombre, sin embargo, es fácil concluir que ésta ha existido siempre formando parte de la naturaleza misma. Es así como, aunque no haya testimonio escrito o de alguna otra índole, la suposición de que el ser humano, ya sea en forma accidental o quizá como respuesta a una desesperada búsqueda, logró dar con el medio que habría de ser la herramienta más útil para comunicarse, aun antes de inventar la palabra, cobra una veracidad indiscutible. No es difícil pensar y aceptar como cierto que, por una serie de casualidades, el hombre descubrió no la música misma, sino la materia prima de la que se forma, es decir, el SONIDO; el producido al golpear un tronco de árbol hueco, el que el viento lograba a través de los cañaverales, el de las olas al estrellarse en las rocas y el del trueno. Todo hace suponer que el hombre empezó a imitar aquellos ruidos (sonidos) que la naturaleza constantemente ponía a su alcance.

Como todos los grandes inventos y descubrimientos del hombre, la música, entendiéndola como tal, como una sucesión organizada de sonidos, necesitó de muchos siglos para adquirir su desarrollo completo. Junto con los primeros intentos de crear formas musicales por demás incipientes y primitivas, se empezaron a crear también los instrumentos que servirían para ejecutar esa música; instrumentos que, si bien eran también primitivos, fueron la base para la construcción de los sofisticados y complejos instrumentos actuales. Los podemos ver reunidos, a casi todos, en la máxima organización musical de los tiempos modernos la ORQUESTA SINFÓNICA, la cual tiene su origen, básicamente, en la necesidad de los compositores de contar con medios más complejos y satisfactorios para expresar sus ideas musicales.

Dado que el resultado sonoro de un grupo de instrumentos diferentes es el producto de la mezcla de los timbres de ellos, el compositor fue creando obras pensando, precisamente, en el resultado final; claro está que, antes de llegar a conformar una orquesta como la conocemos actualmente, se empezaron a formar grupos más pequeños, acordes también a las necesidades creativas del compositor. El antecedente inmediato a la orquesta sinfónica lo tenemos en las pequeñas orquestas y grupos que se formaban en el siglo XV, época en la cual tiene lugar el inicio del llamado "clásico". En él, cobraron auge los grupos que no sobrepasaban los veinte integrantes y otros más pequeños que se formaban por indicaciones de los nobles a los que servían los compositores y en cuyas cámaras se interpretaba la música que para ese fin componían. De esta afortunada época queda la enorme producción de Johann Christian Bach, Franz Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart, entre muchos otros.

La necesidad de un instrumento sonoro más grande y más variado que los grupos de cámara del siglo XV se da con la llegada del XIX, en el que tiene lugar una de las transformaciones más grandes e importantes, tanto en la música como en las demás artes, resultado, entre otras cosas, de la Revolución Industrial, y que la historia ha registrado como “romanticismo”.

A partir de Beethoven, el último clásico y el primer romántico, la orquesta sinfónica empieza a crecer, tanto en nuevos instrumentos como en nuevos lenguajes musicales; podría decirse que desde entonces, con algunos agregados posteriores, ésta adquirió las características actuales. Con algunas modificaciones, principalmente de número de integrantes, la orquesta sinfónica está formada por cuatro grandes grupos de instrumentos: cuerdas (violín, viola, violonchelo, contrabajo); maderas (flauta, oboe, corno inglés, clarinete, fagot); metales (cornos, trompetas, trombones, tuba); percusiones (timbales, platillos, gong, piano, campanas, triángulo y prácticamente cualquier objeto de sonido indeterminado que se pueda percutir). Existen además otros instrumentos que, sin pertenecer a ninguno de estos grupos, se encuentran formando parte de la orquesta; el arpa y la celesta son ejemplo de ello.

Escuchar la ejecución en vivo de una orquesta sinfónica puede convertirse en la más excitante y grata experiencia del ser humano. El sonido orquestal supera, en mucho, al efecto producido por un instrumento solo, por bello que este sea. Muchos miles de años han pasado desde que el hombre descubrió el sonido y la forma de utilizarlo para crear música; escuchar una orquesta sinfónica justifica la tardanza.​