Captar lluvia para beber, el desarrollo del IPN para zonas urbano-rural del país
Itzel Del Valle
29 de mayo de 2026
En la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Jesús Antonio Álvarez desarrolla un sistema de captación y purificación de agua de lluvia que busca ofrecer una alternativa real ante la crisis hídrica en México.
El proyecto, probado actualmente en una comunidad del Istmo de Tehuantepec, una región geográfica localizada entre los estados de Oaxaca y Veracruz en el Sureste del país, propone un modelo accesible, replicable y de impacto social, capaz de transformar el acceso al agua potable en zonas urbanas y rurales.
UN PROTOTIPO PARA TIEMPOS DE CRISIS
La falta de agua potable se ha convertido en uno de los desafíos estructurales más urgentes del país. Mientras grandes ciudades enfrentan cortes constantes, miles de familias en regiones remotas dependen de la compra de garrafones o de fuentes poco seguras para su abastecimiento.
Frente a esta problemática y como parte de la Red de Medio Ambiente (Rema) del IPN, el equipo del investigador Antonio Álvarez trabaja desde la academia para proponer soluciones tecnológicas accesibles. El experto en ingeniería industrial ha dirigido proyectos de monitoreo ambiental, conservación de especies y sensores para fauna; sin embargo, en los últimos años dirige su mirada a un recurso tan cotidiano como vital: la lluvia.
“La idea del proyecto es que estos sistemas puedan ser donados a diferentes familias, en distintos lugares, para que dejen de depender de garrafones y puedan consumir el agua que ellos mismos captan”, explicó.
El prototipo, registrado ante la Secretaría de Investigación y Posgrado (SIP) del IPN, es un Sistema de Captación de Agua de Lluvia (SCAL) diseñado para funcionar tanto en entornos urbanos como en zonas rurales o remotas. Su objetivo es doble: almacenar agua y hacerla potable a través de procesos de filtración y purificación de bajo costo.
ASÍ FUNCIONA EL SISTEMA DE CAPTACIÓN
El dispositivo desarrollado por investigadores de UPIICSA se apoya en elementos simples, pero estratégicos, que permiten transformar agua de lluvia en agua segura para consumo humano.
“Primero filtramos hojas y sólidos grandes, luego tenemos un sistema de carbón activado, aserrín, arena y piedras, que va eliminando impurezas y metales pesados”, detalló Jesús Antonio.
El proceso concluye con una lámpara ultravioleta encargada de desinfectar el agua y eliminar bacterias. El resultado esperado es agua potable que cumpla con la norma mexicana, aunque las mediciones finales están por realizarse. El sistema no opera de forma instantánea porque el agua debe atravesar cada etapa del circuito, lo cual requiere tiempo. Aun así, la eficiencia es prometedora. “En un día se puede llenar un tinaco completo, lo cual es suficiente para las necesidades básicas de una familia”, aseguró.
El dispositivo puede adaptarse a cualquier tinaco comercial y está diseñado para operar sin supervisión constante. En cada módulo se instala una estructura elevada que capta el agua directamente del techo o de una superficie recolectora.
DE ECATEPEC AL ISTMO
El proyecto comenzó en el municipio de Ecatepec, en el Estado de México, donde se realizó un monitoreo, aunque sin los resultados esperados debido a la baja precipitación en la zona. Por ello, el equipo tomó la decisión de trasladar el prototipo a regiones con lluvias más constantes.
La primera opción fue en el Pueblo Mágico de Tepoztlán, en el estado de Morelos, una zona con alta humedad; sin embargo, la prueba principal se lleva a cabo en Santa María Jalapa del Marqués, en el Istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, región expuesta tanto a corrientes del Golfo como del Pacífico.
La elección no fue casual, “es una zona que tiene muchísima lluvia; ahí podemos ver todo el potencial del sistema”, reveló. Además del clima favorable, el proyecto recibió apoyo de las autoridades locales, que facilitaron un área protegida para resguardar el equipo. “Es un pueblo de usos y costumbres, y el municipio nos dio todas las facilidades para que el sistema estuviera seguro”, dijo.
En esa región, algunas comunidades se encuentran alejadas del centro urbano, por lo que dependen de recorridos largos y costosos para acceder al agua. Por eso, si el prototipo demuestra su eficiencia, podría convertirse en una herramienta clave para mejorar su calidad de vida.
DE PROTOTIPO A PROYECTO SOCIAL
Aunque el sistema ya funciona, el doctor Álvarez subraya que falta la etapa crítica de las mediciones finales de potabilidad. El equipo tomará datos de: pH, metales pesados, contaminantes y parámetros bacteriológicos, esto permitirá comprobar si el agua obtenida cumple con los estándares nacionales. En caso de validar los resultados, el siguiente paso será buscar apoyo institucional.
El proyecto contempla la posibilidad de crear un producto de explotación, una figura legal más rápida que una patente, para proteger la tecnología e impulsar su distribución sin pasar por procesos burocráticos largos. El objetivo es llevar agua limpia hasta los hogares donde más se necesita. “Dependiendo del apoyo económico, podremos determinar cuántas familias podemos ayudar”, afirmó el científico.
UNA CRISIS QUE EXIGE INNOVACIÓN
La crisis hídrica no distingue regiones. Afecta a grandes ciudades como Guadalajara, pero también a poblaciones rurales donde la infraestructura básica es limitada. Municipios enteros dependen de pipas, pozos sobreexplotados o garrafones cuyo costo no siempre es accesible. “Parecería que el agua abunda, pero realmente es un recurso que se está limitando”, reflexionó.
Proyectos como SCAL no solo busca resolver una necesidad técnica, sino impulsar una cultura de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales. Como explica el politécnico, mantener los mantos acuíferos, reutilizar el agua de lluvia y reducir el gasto doméstico son prácticas clave para enfrentar los próximos años.
El sistema de captación y purificación desarrollado en el IPN representa una alternativa viable ante una problemática creciente. Su enfoque de bajo costo, su diseño adaptable y su objetivo social lo posicionan como una herramienta con potencial para transformar comunidades.
Si las próximas mediciones confirman que el agua procesada es potable, el proyecto tendría una puerta abierta para escalarse, replicarse y convertirse en un modelo nacional.