IPN celebra 90 años con la visita de Barry Wilmore, astronauta de la nasa

Corina Tlali Ortega
26 de mayo de 2026

El Instituto Politécnico Nacional (IPN) cumple 90 años y el astronauta Barry Wilmore, de la National Aeronautics and Space Administration (NASA), visitó esta casa de estudios para acercar la ciencia y la tecnología aeroespacial a la comunidad politécnica y al público en general.

El encuentro inspiró y acercó el conocimiento del espacio a todas las personas y esto fue posible gracias a una alianza entre la Dirección de Difusión de Ciencia y Tecnología (DDiCyT) del IPN y la Embajada de Estados Unidos en México. El auditorio de la Dirección de Servicios Empresariales y Transferencia Tecnológica (DSETT) registró lleno total, con más de 220 asistentes, quienes pudieron verlo de cerca, saludarlo, hacerle preguntas y tomarse fotografías con el astronauta. Además, a través de la transmisión en vivo se conectaron personas desde distintos puntos del país.

Son pocas las personas que han logrado salir del planeta Tierra y Barry Wilmore es una de ellas. La figura del astronauta suele parecer inalcanzable. Se les observa desde lejos, concentrados en misiones espaciales, realizando experimentos dentro de la Estación Espacial Internacional (EEI) y flotando en gravedad cero mientras contemplan el planeta desde el espacio.

Resulta profundamente impresionante e inspirador. Sin embargo, casi siempre se ve a través de una pantalla y a miles de kilómetros de distancia. Escuchar a un astronauta de cerca, hacerle preguntas o simplemente verlo cara a cara parece imposible.

La visita del astronauta estadunidense no solo celebró nueve décadas de historia del IPN, sino que reforzó uno de los principios que dieron origen a la institución: acercar el conocimiento científico y tecnológico a las nuevas generaciones. Durante más de una hora, estudiantes y asistentes no solo escucharon historias sobre cohetes y estaciones espaciales; también fueron invitados a cuestionar, observar y maravillarse con la ciencia.

DE ESTAR ATRAPADO EN ÓRBITA A VISITAR EL IPN

Barry Wilmore, conocido como “Butch”, tiene 63 años de edad, para finales de año serán 64 y una trayectoria de 25 años como astronauta. Pero antes de llegar al espacio fue un niño que soñaba con volar, una idea que nunca abandonó.

Al terminar la universidad nació en él un fuerte sentimiento de patriotismo que lo llevó a enlistarse en la Marina de los Estados Unidos. Posteriormente ingresó a la academia de vuelo, donde aprendió los principios fundamentales de la aviación.

Su vida cambió cuando fue seleccionado por la NASA en el año 2000. Participó en diversas misiones espaciales y operaciones a bordo de la Estación Espacial Internacional, donde acumuló más de un año en el espacio y múltiples caminatas espaciales.

Una de sus misiones más mediáticas ocurrió en 2024 junto con la astronauta Sunita Williams. Ambos realizaron un vuelo de prueba tripulado en la nave Starliner de Boeing hacia la EEI, pero problemas técnicos impidieron su regreso inmediato a la Tierra y permanecieron varados en el espacio durante nueve meses.

EXPERIENCIAS Y REFLEXIONES SOBRE LA EXPLORACIÓN ESPACIAL

Durante la conferencia, el astronauta originario de Tennessee, habló sobre sus inicios profesionales y compartió material de sus vuelos como piloto y astronauta de la NASA. Hasta ahora, Butch acumula 464 días en el espacio. Explicó cómo los ingenieros deben diseñar aeronaves y naves espaciales capaces de soportar ondas de choque, condiciones extremas durante el vuelo y el lanzamiento espacial.

Relató que un traje espacial cuesta alrededor de siete millones de dólares y que el cinturón con el taladro tiene un valor cercano a los dos millones de dólares, herramienta indispensable para los trabajos que realizan los astronautas fuera de la nave.

Wilmore describió la experiencia de realizar caminatas espaciales y pidió a los asistentes imaginar cómo se percibe la Tierra desde el vacío del espacio, orbitando el planeta cada 90 minutos a una velocidad superior a los ocho kilómetros por segundo.

Comentó que una de las preguntas que más le hacen es qué sintió la primera vez que llegó al espacio y que resulta indescriptible observar el mundo desde afuera. Él resumió toda esa experiencia, en una palabra: “humildad”.

Con frecuencia, relató, los niños le preguntan: “¿alguna vez ha visto un hoyo negro en el espacio?”. Y él responde: “espero que no”, al explicar que se trata de regiones con una gravedad tan intensa que incluso la luz no puede escapar.

LA CDMX VISTA DESDE LA ÓRBITA

Reveló sobre el lado trasero de la Luna y aclaró que es incorrecto llamarlo “lado oscuro”, porque esa parte también recibe luz solar. Destacó la importancia de las misiones Artemis para estudiar la otra cara de la Luna.

Wilmore habló sobre México y la impresión que le provocó observar la capital del país desde el espacio. “¿Cómo se ve la Ciudad de México desde el espacio? Se ve bien grande. O sea, es una ciudad muy grande. Y cuando llegamos aquí también vimos que está bien bonita, sobre todo de noche”, dijo.

El astronauta también compartió reflexiones sobre la inmensidad del planeta y la fragilidad de la vida humana vista desde el espacio. “Los astronautas desde la Luna literalmente podrían tomar la Tierra en sus manos. Los ocho mil millones de personas que somos”, aseguró.

Otro de los temas que abordó fue la protección natural del planeta frente a la radiación solar. Expuso que el primer satélite de exploración de Estados Unidos, desarrollado por James Van Allen, descubrió anillos magnéticos alrededor de la Tierra que desvían gran parte de la radiación nociva y protegen al planeta.

ENTRE LA CIENCIA Y LA FE

Durante la conferencia, Wilmore aludió la cercanía con la religión. Además de hablar de física, ciencia aeroespacial, ADN y radiación, el astronauta citó diversos versículos bíblicos y sobre la importancia de perseguir la excelencia. “Si van a llevarse algo de esta plática, que sean dos cosas. Uno: Jesús es el Señor. Y él los invita a todos y cada uno de ustedes a perseguir la excelencia. No la perfección, sino la excelencia en todo su quehacer”, señaló.

El astronauta aseguró que las personas y los países pueden lograr grandes cosas si trabajan conjuntamente y que aún existen muchas cuestiones que la humanidad no termina de entender, pero la colaboración, el entendimiento y el trabajo en equipo son fundamentales para conseguirlo.

En un país donde el acceso a figuras de la exploración espacial suele limitarse a libros, documentales o redes sociales, la presencia de Wilmore en el Politécnico abrió un espacio para imaginar que la ciencia y la tecnología no son ajenas ni lejanas, sino caminos posibles para nuevas generaciones de estudiantes mexicanos.

Botón Up