Onésimo Hernández, referente del control estocástico en México

Itzel Del Valle
27 de abril de 2026

El doctor Onésimo Hernández Lerma, egresado de la Escuela Superior de Física y Matemáticas (ESFM), actualmente es investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ambos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), ha dedicado más de cuatro décadas al estudio del control estocástico, una rama de las matemáticas que permite tomar decisiones en escenarios inciertos. Su trabajo ha impactado áreas como la economía, la ingeniería y la teoría de sistemas, consolidándolo como una figura clave en la investigación matemática en México y es uno de los matemáticos más importantes del mundo en su área por el alto número de citas que acumulan sus trabajos.

En un tono relajado, con un café de por medio y hasta bromea sobre lo “difícil” que son las preguntas que la Agencia Informativa Conversus (AIC) preparó, Hernández Lerma inicia una conversación que, más que una entrevista, se convierte en una ventana a una vida dedicada al pensamiento matemático. Su historia no comienza con una vocación clara, sino con un giro inesperado marcado por el contexto histórico del país.

“Estaba estudiando física… y me agarró el movimiento estudiantil de 1968”, recordó. Aquella coyuntura lo obligó a pausar sus estudios y permanecer en casa durante meses. Fue en ese encierro donde ocurrió algo decisivo: comenzó a estudiar matemáticas por su cuenta. “Cuando regresamos a la escuela retomé matemáticas, no a física”, declaró, como quien relata un cambio aparentemente simple, pero que definiría toda su trayectoria.

Ese momento no solo marcó un cambio de carrera, sino el inicio de un camino que lo llevaría a convertirse en uno de los referentes del control estocástico en México. Explicó que esta área se encarga de estudiar sistemas donde interviene el azar, donde no todo puede predecirse con exactitud. “Son sistemas que dependen del azar, de cosas que no puede uno predecir de manera inmediata, como cuándo va a ocurrir un temblor”, señaló.

Lejos de la abstracción que muchos asocian con las matemáticas, su campo de estudio tiene aplicaciones concretas, por ejemplo, desde controlar una epidemia hasta decidir cómo invertir recursos en economía o cómo optimizar procesos en ingeniería. “La teoría del control trata de controlar sistemas para alcanzar un cierto objetivo”, detalló.

Su acercamiento a este campo no fue planeado. Tras terminar la carrera, comenzó a dar clases en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), Unidad Zacatenco, donde el contacto con ingenieros lo llevó a interesarse por aplicaciones prácticas. “Todo mundo hablaba de control, de comunicaciones y me llamó la atención”, recordó. Así encontró una combinación que definiría su trabajo de matemáticas con orientación aplicada.

A lo largo de su carrera, Hernández Lerma ha desarrollado modelos que permiten tomar decisiones en condiciones de incertidumbre. Entre sus trabajos más citados destacan los modelos de control óptimo, la teoría de decisiones Markovianas y varios artículos sobre procesos estocásticos que hoy son referencia obligada en la literatura internacional. Sin embargo, cuando se le pregunta por su contribución más importante, evita cualquier protagonismo.

“La verdad nunca he pensado en este tipo de cosas, va uno trabajando y van saliendo cositas”, dijo con una humildad que contrasta con el alcance de su obra.

Esa misma actitud aparece cuando habla del impacto de sus investigaciones. Aunque sus trabajos han sido citados durante décadas, él prefiere no centrarse en ello. “Ya no tengo la necesidad de reportar quién me cita, me entero de algún colega que menciona mi nombre, pero no pienso en esas cosas”, comentó. Desde que fue nombrado investigador emérito en el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) en 2014 y previamente en el Cinvestav en 2009, dejó de preocuparse por ese seguimiento constante.

Su influencia es evidente. Recibe mensajes de estudiantes e investigadores de distintas partes del mundo. “Me escriben científicos de Bélgica, Colombia… oiga profesor, leí que usted hacía tal cosa”, destacó. En ocasiones, las solicitudes son tan básicas que su respuesta es directa: “búscalo en Wikipedia”, recuerda entre risas, evidencia tanto la accesibilidad del conocimiento como la vigencia de su nombre en la comunidad académica.

Para él, las citas siguen siendo una forma de medir el impacto. “Es una manera de ver la influencia de los investigadores”, externó. Y aunque evita cuantificarla, reconoce que su trabajo continúa activo. “Sé que ha sido mucha porque recibo diario correspondencia y veo que mis cosas siguen usándose”. Buena parte de ese reconocimiento mundial proviene de textos que hoy son clásicos, como Discrete-Time Markov Control Processes, Numerical Methods for Controlled Markov Chains o Learning and Approximation in Stochastic Systems, obras que han guiado a generaciones de matemáticos y especialistas en control.

Su legado también se refleja en la formación de nuevas generaciones. Ha dirigido 24 tesis doctorales y actualmente sigue trabajando con estudiantes. Algunos de sus exalumnos son profesores e investigadores. “Dos profesores de aquí del departamento son exalumnos míos”, mencionó con naturalidad, como si se tratara de una consecuencia lógica del tiempo.

Sin embargo, su relación con ellos no es constante. “No quiere decir que estemos en comunicación permanente, pero cuando se ofrece algo, nos consultamos”, expresó. Es una red académica que, más que formal, se mantiene viva a través del intercambio ocasional de ideas.

Al hablar del estado actual de la investigación matemática en México, destaca el crecimiento del interés en la disciplina. Más universidades, más programas de posgrado, más presencia de mexicanos en publicaciones científicas. “Hace 30 años era rarísimo, aunque ahora es muy común encontrar mexicanos”, afirmó.

Su mensaje para los jóvenes es optimista. Cuestiona la idea de que las matemáticas son difíciles. “Yo las sentía muy sencillas porque son muy lógicas”, expuso. En su visión, el problema no es la complejidad, sino los prejuicios. “Si se tomaran la molestia de entender un poquito, verían que son la cosa más natural del mundo”, acotó.

Esa claridad también se refleja en su manera de entender el conocimiento, en matemáticas no hay medias tintas. “Es cierto o falso, no hay eso de medio verdadero”, manifestó, contrastándolo con otras disciplinas donde la interpretación juega un papel más amplio.

Incluso en lo personal, mantiene una visión honesta de sí mismo. Al preguntarle por un “superpoder”, no habla de genialidad, sino de una limitación que es la memoria. “He tenido mala memoria, pero sé dónde encontrar las cosas”, comentó. Esa frase resume que su método no se trata de saberlo todo, sino de saber cómo llegar al conocimiento. Al final, cuando se le pide resumir su legado en una frase, no menciona teorías ni logros académicos. Su respuesta es simple y cotidiana, tener “constancia” y añadió que “si se trabaja con ganas, tiene que salir algo”.

Esa idea atraviesa toda su historia. Desde el encierro que lo llevó a descubrir las matemáticas, hasta los artículos que siguen siendo citados décadas después, su trayectoria no se explica por momentos espectaculares, sino por una disciplina sostenida en el tiempo.

En un campo donde el azar es objeto de estudio, la vida de Onésimo Hernández Lerma parece demostrar que incluso en lo impredecible hay espacio para la lógica, el esfuerzo y la persistencia. Porque, como él mismo lo plantea sin rodeos, al final todo se reduce a trabajar y dejar que los resultados aparezcan.