Un brote de Cyclospora cayetanensis encendió las alertas sanitarias en Estados Unidos durante el verano de 2026, luego de provocar miles de infecciones, cientos de hospitalizaciones y dos muertes. El origen preciso de la contaminación continúa bajo investigación y, hasta ahora, las pruebas reportadas por las autoridades no han confirmado directamente al parásito en una muestra de lechuga iceberg. Mientras las autoridades estadunidenses mantienen abierta la investigación, la Agencia Informativa Conversus (AIC) entrevistó al investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Alberto Antonio Campos, quien desde su experiencia académica en protozoarios, explica las características que permiten a este diminuto parásito viajar del agua a una hortaliza, alojarse entre los pliegues de sus hojas y resistir algunos métodos domésticos de desinfección.
PARÁSITO QUE NECESITA TIEMPO PARA VOLVERSE PELIGROSO
Para entender el brote hay que comenzar por algo que no se ve. Cyclospora cayetanensis es un parásito microscópico que infecta el intestino humano y provoca ciclosporiasis, una enfermedad cuyo síntoma característico es diarrea acuosa, acompañada en algunos pacientes de pérdida de apetito, cólicos, distensión abdominal, náuseas y fatiga. Antonio Campos, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), explicó que el parásito produce ooquistes, pequeñas estructuras esféricas de alrededor de 7 a 10 micrómetros que funcionan como una especie de cápsula protectora, lo que permite resistir fuera del cuerpo hasta encontrar las condiciones necesarias para continuar su ciclo. El detalle crucial es que, cuando una persona infectada los expulsa mediante las heces, todavía no pueden infectar inmediatamente a alguien más. “La forma de resistencia no sale madura en las heces. Si agarro ooquistes de las heces, no me voy a infectar porque no están esporulados, no están maduros”, detalló el científico del departamento de Parasitología de la ENCB. Para convertirse en infecciosos necesitan permanecer en el ambiente durante una o dos semanas, dependiendo de las condiciones. Esa pausa cambia la dinámica de transmisión: Cyclospora no suele pasar directamente de una persona a otra. El problema comienza cuando esas cápsulas maduran en el ambiente y alcanzan el agua y, posteriormente, los alimentos. Sobre esa ruta de transmisión, el investigador añadió que “básicamente todo va a parar a cuerpos de agua que luego se utilizan, sobre todo, para el riego de hortalizas. Generalmente nos vamos a infectar comiendo ooquistes esporulados o maduros por alimentos o agua”. Ese intervalo también ayuda a explicar por qué reconstruir un brote es complicado. Entre la contaminación, la maduración del parásito, el consumo del alimento y la aparición de síntomas pueden transcurrir varios días. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) señala que la enfermedad suele manifestarse alrededor de una semana después de la infección, aunque puede hacerlo desde dos días hasta dos semanas.
LOS VEGETALES PUEDEN CONVERTIRSE EN UNA TRAMPA MICROSCÓPICA
¿Por qué una lechuga puede representar un reto mayor que otras frutas y verduras? La respuesta está, literalmente, en su estructura externa. A simple vista una hoja puede parecer relativamente lisa. Vista a escala microscópica se transforma en un paisaje de cavidades, pliegues, depresiones, nervaduras y pequeños poros naturales llamados estomas. Para un parásito que mide apenas unas cuantas micras, estas estructuras pueden funcionar como refugios. El profesor politécnico lo comparó con lavar un jitomate. “Sería más fácil lavar un jitomate, aunque también tiene microestructuras como una lechuga o un cilantro”. Antonio Campos, junto con otros investigadores de la ENCB, y en colaboración con la Universidad de Arkansas, estudiaron precisamente qué ocurre cuando estructuras resistentes de protozoarios llegan a frutas y verduras. El trabajo, titulado Surface ultrastructure and lodging of Entamoeba histolytica and Giardia lamblia cysts on fruits and vegetables, fue publicado a inicios de este año en Acta Tropica, revista científica internacional especializada en enfermedades infecciosas, salud humana y animal y ciencias biomédicas. Aunque el estudio no analizó Cyclospora, sí analizó quistes de Entamoeba histolytica y Giardia lamblia, dos protozoarios intestinales capaces de provocar amebiasis y giardiasis. En este caso, los quistes son la fase microscópica resistente que protege al parásito mientras permanece fuera de su hospedero. Con el uso de la microscopía electrónica de barrido, una técnica que permite observar superficies con un nivel de detalle imposible para el ojo humano, los investigadores analizaron fresa, cilantro, tomate y lechuga para comprobar si su propia arquitectura podía favorecer que estos quistes quedaran atrapados.
MIRAR UNA ENSALADA DE OTRA MANERA
En las fresas, los quistes aparecieron dentro de las cavidades alrededor de las semillas; en el cilantro, en depresiones de su superficie; y en el tomate, dentro de pequeños hundimientos superficiales. En el caso de la lechuga, las hojas externas e intermedias presentaron alrededor de 10 a 12 cavidades por cada 100 micrómetros cuadrados, mientras que en las hojas internas la densidad aumentó hasta 14 a 18 cavidades en esa misma superficie diminuta. Como resume el propio artículo, “las superficies vegetales presentan distintas irregularidades”, capaces de proporcionar espacios protegidos para la retención de estas estructuras parasitarias. Aunque el estudio no permite afirmar que Cyclospora cayetanensis se comporte exactamente de la misma manera que Entamoeba o Giardia, sí aporta la pista de que la superficie de un alimento no es un espacio plano y las estructuras microscópicas de los vegetales pueden dificultar el desprendimiento de estos parásitos. Esto coincide con lo que el equipo del parasitólogo observó durante la investigación. “La lechuga era la que más albergaba quistes por área. Tiene tantas irregularidades, venas y cavidades que físicamente se hace muy difícil quitarlos sin dañar la hoja”, afirmó. El problema, entonces, no es simplemente que una verdura esté “sucia”. La propia geometría microscópica del alimento puede convertirse en refugio para un parásito.
¿LAVAR Y DESINFECTAR UNA LECHUGA ELIMINA CYCLOSPORA?
Lavar frutas y verduras sigue siendo una práctica indispensable para reducir riesgos microbiológicos, pero frente a Cyclospora existe una limitación importante. El lavado no garantiza retirar todos los ooquistes adheridos a una superficie. El CDC recomiendan lavar cuidadosamente los productos frescos bajo agua corriente, pero advierten que esto no asegura la eliminación completa del parásito. La cocción a una temperatura de al menos 70 °C sí puede destruirlo. Eso representa un dilema evidente en los vegetales que normalmente consumimos crudos, en especial la lechuga. Antonio Campos advirtió que “por más que utilicemos desinfectante o cloro, probablemente estás quitando una parte; lavando con métodos mecánicos estás quitando otra. Pero puede quedar un remanente de ooquistes”. Los resultados de la investigación apuntan a que la prevención debe pensarse más allá del lavado doméstico. A partir de esas observaciones, los autores plantean la importancia de mejorar el manejo agrícola, el procesamiento de los alimentos y la educación de los consumidores. Aseguró que, cuando sea posible, pelar una fruta, lavar cuidadosamente los alimentos o cocinarlos puede disminuir el riesgo. La dificultad aparece con productos como la lechuga, donde la superficie que intentamos limpiar es precisamente la que vamos a comer. Por eso, el control de Cyclospora no puede recaer exclusivamente en la cocina del consumidor. Comienza desde el agua de riego de calidad sanitaria adecuada, control de contaminación fecal en los cultivos, buenas prácticas durante la cosecha y el procesamiento, limpieza de equipos y prevención de contaminación cruzada.
UN BROTE QUE OBLIGÓ A MIRAR TODA LA CADENA ALIMENTARIA
Durante la investigación epidemiológica, las autoridades de Estados Unidos siguieron distintas rutas de exposición y trazabilidad. En julio de 2026, Taylor Farms de México retiró voluntariamente del mercado estadunidense lechuga iceberg procedente del centro de México después de que la investigación epidemiológica llegara en ese producto. Sin embargo, para el 5 de agosto el brote ya sumaba más de seis mil casos en 15 estados, cientos de hospitalizaciones y dos muertes, mientras el origen preciso seguía sin confirmarse mediante una muestra positiva del alimento. Pero existe una precisión fundamental entre un vínculo epidemiológico que no equivale a haber encontrado físicamente al parásito en una muestra de lechuga. A esto se suma que la muestra inicialmente considerada positiva fue revisada por especialistas de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y reclasificada como un falso positivo. La agencia aclaró que esto no modificaba la evidencia epidemiológica ni la trazabilidad que sustentaban el retiro del producto, pero confirmó que hasta ese momento no existía una muestra de producto positiva para Cyclospora. Esa diferencia ayuda a explicar por qué la seguridad alimentaria debe mirar toda la cadena. Para el científico politécnico cobra relevancia el Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (APPCC), un sistema preventivo que identifica dónde podría introducirse un riesgo durante la producción y establece controles antes de que el alimento llegue al consumidor. En un cultivo significa vigilar desde el agua de riego hasta el lavado, manipulación, almacenamiento, transporte y distribución. En México, Cyclospora también fue objeto de acciones de vigilancia durante este periodo, aunque los resultados disponibles requieren una lectura distinta. El 11 de agosto de 2026, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) informó que las muestras tomadas en 16 hoteles de la Riviera Maya resultaron negativas a Cyclospora cayetanensis. La alerta de vigilancia se activó tras un aviso de viaje de Reino Unido por casos registrados entre personas con antecedentes de estancia en esos establecimientos. Así, los dos escenarios muestran niveles distintos de evidencia. En Estados Unidos la investigación epidemiológica y de trazabilidad llevó al retiro precautorio de lechuga iceberg, mientras que las muestras analizadas posteriormente no confirmaron directamente Cyclospora en el producto. En México, las verificaciones reportadas por la Cofepris en la Riviera Maya también resultaron negativas. En el mismo contexto también se debe mencionar un cambio en la vigilancia estadunidense. Desde el 1 de julio de 2025, FoodNet —la red de vigilancia activa de enfermedades transmitidas por alimentos coordinada por los CDC— hizo opcional el seguimiento de Cyclospora y otros cinco patógenos. Los CDC explicaron que el ajuste buscaba priorizar recursos, en medio de restricciones presupuestarias y de personal en salud pública. En consecuencia, especialistas como el doctor Antonio Campos concuerda que perder una capa de vigilancia activa puede dificultar la detección temprana de tendencias. Aunque esto no significa que el cambio haya causado el brote ni que el parásito haya dejado de vigilarse por otros sistemas.
DE UNA CÁPSULA MICROSCÓPICA A UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA
La ciclosporiasis se manifiesta principalmente como un episodio gastrointestinal; la pérdida sostenida de líquidos puede producir deshidratación y la infección puede prolongarse en personas con el sistema inmunitario debilitado. Sobre estos grupos de riesgo, Antonio Campos dijo que “estos parásitos se consideran oportunistas porque pueden afectar con mayor intensidad a personas con el sistema inmune debilitado”. Cyclospora cayetanensis mide apenas unas micras, pero obliga a pensar la inocuidad alimentaria como una cadena completa: agua segura, buenas prácticas agrícolas, vigilancia sanitaria, trazabilidad, procesamiento adecuado y manejo responsable de los alimentos en casa. El verdadero problema no comienza cuando aparece la diarrea. Puede haber empezado semanas antes, con una cápsula microscópica viajando en el agua hasta encontrar refugio entre un vegetal que terminará en nuestra comida.