Lunes, 19 de octubre de 2026

La carrera espacial estudiantil que nació en unas canchas de fútbol y ya busca conquistar Latinoamérica

La carrera espacial estudiantil que nació en unas canchas de fútbol y ya busca conquistar Latinoamérica

El Hidrochallenge IPN, un proyecto de cohetería experimental surgido en las instalaciones del Politécnico Nacional, celebra su quinta edición convertida en una plataforma de innovación regional que este año dio el salto al combustible sólido.

Lo que en 2019 comenzó como una propuesta modesta en las canchas de fútbol rápido ubicadas detrás de la Escuela Superior de Cómputo (ESCOM) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), es hoy uno de los hitos tecnológicos de la educación superior en el país. El Hidrochallenge IPN 2026 concluyó su quinta edición tras reunir a cientos de estudiantes, académicos, autoridades locales y expertos internacionales en las instalaciones del Centro de Innovación e Integración de Tecnologías Avanzadas (CIITA) en San José Chiapa, Puebla.

Organizado por el IPN a través del Centro de Desarrollo Aeroespacial (CDA), el certamen busca desmitificar la ingeniería espacial entre la juventud. El Dr. Jhonatan Eulopa, Coordinador de Fomento a la Empresa e Industria Nacional del CDA y fundador del proyecto, recuerda los inicios del certamen: “En un principio la idea era trabajar con combustible sólido, pero no contábamos con el apoyo, la infraestructura ni el lugar adecuado. Era una aventura. Por eso decidimos empezar gradualmente con botellas de agua y aire comprimido”.

Siete años después del primer lanzamiento, la competencia dio un giro significativo. Por primera vez en su historia, el certamen incorporó formalmente la categoría de cohetes propulsados por combustible sólido, un hito que transformó por completo la logística de seguridad y la complejidad técnica del evento.

Imagen de investigación biomédica
Laboratorio científico

De botellas recicladas a metodologías de la NASA

A pesar del componente vistoso de los despegues, el Hidrochallenge no es únicamente un concurso de distancia o altitud. El núcleo del programa radica en el desarrollo de "cargas útiles": sistemas electrónicos complejos instalados dentro de la estructura de los cohetes destinados a resolver problemas reales de exploración espacial y monitoreo ambiental.

“Nos enfocamos en simular misiones reales”, explica el Dr. Eulopa. “Desde medir la humedad, la temperatura o las partículas de polvo, hasta transmitir video en tiempo real a una computadora en tierra mediante telemetría. Queremos que los jóvenes vean que la tecnología aeroespacial es alcanzable y que se puede hacer ingeniería de alto nivel iniciando con un proyecto de botellas de agua”. Para lograr su inscripción, los equipos deben someterse a exigentes revisiones técnicas estructuradas bajo los estándares que utiliza la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio (NASA) de Estados Unidos como el PDR (Preliminary Design Review) que es una revisión del diseño preliminar que incluye ecuaciones, diagramas de circuitos, simulación en software especializado y modelado, después se hace un CDR (Critical Design Review), es decir una evaluación final donde el jurado examina la viabilidad del ensamblaje, la integridad de la estructura y la efectividad de los sistemas de recuperación por paracaídas.

De los 154 equipos inscritos en la edición de 2026, solo 45 superaron las evaluaciones teóricas iniciales, y finalmente 35 obtuvieron la autorización técnica para realizar lanzamientos en el campo de pruebas de Puebla, un predio de más de 1,000 hectáreas cedido con el respaldo de las autoridades locales.

Un trabajo en red: de la Fuerza Espacial a la colaboración latinoamericana

El crecimiento del certamen ha demandado una sólida red de alianzas institucionales. Durante los tres días de actividades, el evento concentró a más de 800 asistentes entre competidores y visitantes, así como a un cuerpo de evaluación integrado por 35 especialistas del propio Politécnico Nacional.

La jornada inaugural contó con la presencia de representantes de dependencias gubernamentales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Secretaría de Marina, la Fuerza Aérea Mexicana y la Fuerza Espacial de México, además de directivos del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla, la Agencia de Transformación Digital y empresas del sector como Satélites de México (MEXSAT). A nivel internacional, el foro recibió ponencias como la impartida por el Ingeniero Javier Ocasio Pérez, Gerente de integración y pruebas en el Goddard Space Flight Center de la NASA, y del Doctor Ait Si Said Ahmed Jefe del Depto. de Aplicaciones Espaciales y Miembro Del Consejo Científico de la Algerian Space Agency, por mencionar algunos.

Esta proyección ha permitido que el modelo de competencia trascienda las fronteras mexicanas. A través de esquemas de coautoría institucionales, el Politécnico Nacional ha establecido capítulos locales en Colombia y Costa Rica, mientras que Guatemala y República Dominicana se encuentran en proceso de integración. La estrategia imita el esquema del automovilismo de alta competición: las sedes locales organizan eliminatorias internas y los tres mejores equipos obtienen pase directo a la fase final en México.

“En el caso de Ecuador, debido a complicaciones con el visado de los participantes, los lanzamientos se realizaron de forma remota y supervisada en línea”, detalla Eulopa. ”El objetivo es consolidar una red de talento regional”.

La superación de la brecha de género y nivel académico

Uno de los requisitos de la convocatoria establece que todos los equipos deben integrarse de manera mixta, garantizando la participación de mujeres en roles técnicos y directivos. Asimismo, el comité organizador eliminó la barrera entre niveles educativos, permitiendo que estudiantes de bachillerato compitan en igualdad de condiciones contra alumnos de licenciatura y posgrado.

En la categoría de combustible sólido, una de las más complejas de la edición, el equipo Fénix IPN, integrado por estudiantes del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECYT) N.º 17 del estado de Guanajuato, logró posicionarse en el tercer lugar general, compitiendo directamente con representaciones universitarias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del propio Politécnico.

“Antes separábamos los niveles educativos, pero nos dimos cuenta de que la capacidad no depende de la edad”, señala el fundador del proyecto. “Los alumnos de preparatoria nos demuestran cada año que pueden resolver problemas técnicos de alta complejidad”.

Los ganadores de este certamen fueron los siguientes equipos: en primer lugar, en la categoría de Cohetes Hidropropulsados (Agua y Aire Comprimido), Maverick de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla; en segundo lugar, Ignus; de la Universidad Anáhuac Puebla; en tercer lugar, ⁠Delphinus, del Instituto de Estudios Superiores de Tamaulipas.

En la segunda categoría, Cohetes de Combustible Sólido, en primer lugar, Manz, de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del IPN en la CDMX; en segundo, ⁠Rocket Legacy, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Juriquilla, Querétaro, de la Universidad Nacional Autónoma de México y como ya se mencionó en tercer lugar el CECyT 17 del IPN.

Hacia motores híbridos y cargas de mayor tecnología

Tras el éxito de la edición 2026, el Centro de Desarrollo Aeroespacial proyecta una expansión continua. Los planes a mediano plazo prevén la conservación de las categorías de hidropropulsión por su valor formativo inicial, mientras se introducen de forma progresiva motores híbridos de propulsor líquido y sólido para alcanzar mayores altitudes.

“El plan es no detenernos”, concluye el Dr. Jhonatan Eulopa. “Buscamos que los participantes propongan soluciones tecnológicas cada vez más robustas. El futuro del proyecto está en seguir demostrando que la ingeniería de frontera también se construye en las aulas públicas de nuestro país”.

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